2026

Sostener el Balaustre.
Arévalo,
Collegium Museum.



Residencia artística
Collegium Museum



     Sostener el balaustre surge de una investigación sobre la industria del mueble en Arévalo y las transformaciones económicas, sociales y productivas que acompañaron su expansión y posterior declive. A partir de testimonios, archivos fotográficos y recorridos por antiguos espacios de producción y distribución, muchos de ellos actualmente abandonados, la investigación reconstruye parte del llamado boom del mueble y, especialmente, las formas en que los objetos fueron producidos, comercializados y puestos en escena.

Durante décadas, Arévalo funcionó como un importante enclave de distribución de mobiliario. Familias procedentes de Madrid, Segovia, Salamanca, Ávila y otras localidades acudían a sus establecimientos para configurar sus espacios domésticos. El mueble circulaba así no solo como mercancía, sino también como imagen de una determinada forma de habitar y consumir.

La investigación continúa una línea de trabajo en torno a las transformaciones de los modelos de producción del mueble y a las relaciones entre industria, artesanía, distribución y consumo. En Arévalo, esta mirada se desplaza hacia los espacios y dispositivos que hacían posible su exposición y circulación. El contexto conecta, además, con Valencia, territorio de origen de la artista y vinculado históricamente a una importante industria de fabricación de mobiliario.

Uno de los lugares centrales de la investigación ha sido el antiguo edificio de Muebles González Llorente, actualmente abandonado, donde Pastomás ha realizado continuas derivas, incorporando el espacio y su recorrido como parte de su experiencia cotidiana durante la residencia. Sus cuatro plantas conservan parte de la infraestructura que organizaba la experiencia comercial: recorridos, divisiones y estructuras destinadas a acompañar la presentación de los muebles mediante recreaciones y subespacios.

Entre estos restos aparecen numerosos balaustres de madera maciza torneada y lacada. Concebidos como elementos funcionales de barandillas y divisiones, su repetición genera ritmo, límite y recorrido, estableciendo una relación directa con el cuerpo. Son piezas destinadas a sostenerlo que, al mismo tiempo, formaban parte de la arquitectura y la escenografía de la exposición. El balaustre se convierte así en el foco de la obra. Torneado en madera natural y posteriormente lacado, condensa distintas capas de interés: el trabajo y la transformación de la madera, la producción seriada, la función y la ornamentación, pero también las formas en que los objetos son organizados y presentados dentro de un espacio comercial.

A partir de los balaustres recuperados y tratados, la instalación construye una nueva arquitectura formada por dos estructuras de hierro enfrentadas y entrecruzadas. Las piezas de madera se disponen verticalmente en series, funcionando simultáneamente como elementos constructivos y como dispositivo expositivo. Algunas conservan su acabado original; otras han sido decapadas, dejando visible la madera y haciendo perceptible su transformación.

La obra traslada y altera algunos de los principios espaciales del antiguo edificio: mostrar, ordenar, separar, repetir y sostener. Una segunda deriva por el polígono industrial Tierra de Arévalo, donde una estructura destinada a mostrar diferentes modelos de teja introducía otro dispositivo de exposición en el contexto industrial, amplió esta reflexión sobre las formas en que la producción se hace visible, se clasifica y se organiza.

Así, Sostener el balaustre trabaja con los restos materiales y espaciales de un modelo productivo en transformación. El balaustre deja de ocupar un lugar secundario dentro de la arquitectura para convertirse en el centro de una investigación sobre su propia forma, función y cultura material y atendiendo a que aquello que fue concebido para sostener el cuerpo necesita ahora ser sostenido por otra estructura.